Viejos maestros
Hoy era el día de los antiguos alumnos en mi cole. Va una con miedo, diez años después de abandonar las aulas, pero todo sigue siendo familiar: la capilla, los pasillos, el comedor. Todo huele igual, el tiempo detenido en el instante en que tomé por primera vez conciencia del fin de una etapa.
Durante la Misa, una chica recuerda el precioso jardín en el que jugaban los de "jardín de infancia", los dibujos de la Buena Madre tras las rejas que pintábamos en su fiesta (tal día como hoy, hace taitantos años), el vídeo del Padre Damián, las excursiones a Ávila y Segovia. La infancia toda, ese período que sólo sabes definir cuando ha pasado. Y yo recordaba: la misma capilla, una década atrás, despedida del cole y una decisión que nació firme, entonces, y nada ha conseguido arrancar: yo sería profe. De alguna forma, "permanecería" en el cole. Así pude amortiguar el dolor de la despedida, prometiendome a mí misma que el adiós no era definitivo, que la Universidad era un paréntesis tras el que volver a la tierra originaria. No he vuelto, pero aquella decisión me constituye: soy profe. En cierta forma, nunca me he ido.
Me pregunto si la niña que yo era hace diez años ("tontolescente", como dice Cris, la profe de gimnasia) aprobaría el derrotero posterior de mi vida, las muchas vueltas: Derecho, el despacho, la beca de Economía, Humanidades, la beca de Docencia, los problemas para encontrar tema de tesis, para encontrar mi sitio, esta última sorpresa de un trabajo -soñado- en la Universidad. Por fin, la dedicación a la Literatura, mi viejo sueño, alcanzando su cumplimiento tras tanto tiempo. ¿Pero no es lo que se desea largamente sin obtenerlo, hasta el anhelo, lo que más se disfruta cuando llega?No sé si esa niña que fuí aprobaría lo que soy, pero hoy he sabido que los profes influyentes, los viejos maestros, sí lo aprueban. María "la de arte", Pacho "el de historia", Covadonga "la de dibujo"... hoy les contaba lo que he hecho, los tumbos que he dado por un camino que yo no entendía pero Otro trazaba, y sonreían, y afirmaban: sí, sí, te pega esa trayectoria, es lo que esperábamos, era tu mundo, sí, bien hecho...Y si ellos lo aprueban, es probable que puedan enseñar a la niña que fuí, que ellos formaron, a aprobarlo también, y hasta a sentirse orgullosa. Cosas más difíciles hicieron, sin darle importancia...
