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05/11/2006
Gracias, tío Pedro
Nunca pensé tener un blog, ni nada que se le pareciese: los arcanos de la informática permanecen innacesibles para mí, pobre mortal amante de las estilográficas, hija de un siglo que ha pasado ya. Por eso es doblemente sorprendente hallarme aquí escribiendo, y todo gracias a mi tío Pedro.
Mi tío Pedro, que en realidad es primo (pero desde niñas le aumentamos el tratamiento para poder llamar "primos" a sus hijos) vino ayer por la tarde a merendar, con el resto de la familia, y me preguntó al llegar si aún escribo. Sí lo hago, y no creo que deje de hacerlo nunca, la verdad. Entonces me propuso crearme un blog -él ya tiene uno, que yo frecuento-, y ¡dicho y hecho! en tres minutos, aquí tengo espacio para verter lo que escribo por la red...
Es de justicia, pues, que mi primer artículo del blog vaya dedicado a él. No sólo en agradecimiento por hacerme el blog, en agradecimiento por alentar mi incipiente vocación escritora desde niña, y por tantas otras cosas que no detallo aquí porque es mi primer artículo y no puede contarse todo de buenas a primeras...
13/11/2006
Orcos en el metro
El andén solitario. Las 22:03, el frío que promete invierno, y una pensando en lo de siempre: trabajas demasiado, total para lo que te pagan, a estas horas debías llevar un buen rato leyendo junto a la chimenea que no tienes, y habiendo cenado, además. Es el último día que...
Es el último día que estoy viva, comprendo de repente, la lucidez que acompaña al último momento según los entendidos. Porque frente a mí avanzan -contra mí avanzan, debiera decir- dos auténticos ejemplares de... orcos. Dudo que Tolkien los tuviera tan nítidos en su imaginación como yo los tengo ahora ante mis ojos. Uno es más alto, corpulento, disimula su terrible condición bajo una cazadora roja y varios piercing, las greñas desmañadas como de adolescente rebelde, pero yo lo sé bien, no es humano, es un orco... de aspecto casi tan amenazador como su compañero, que emite gruñidos apenas audibles mezclados con ronquidos y otros ruidos inclasificables.
Antes de que pueda encomendarme a mi elfo, digo mi ángel de la guarda, éste ya ha previsto y llega el convoy. Subo tan asustada que ni siquiera me preocupo de buscar otra puerta que la de los orcos, el miedo me impide no ya moverme, sino pensar para moverme con acierto...
Me quedo pues pegada a una esquina, intentando hacerme una con el mapa de las estaciones multicolor (cosa difícil porque mi abrigo es negro), gracias a Dios que el vagón va lleno. Los orcos escupen, gruñen y patean ante la total indiferencia de los pasajeros, me asombra su serenidad, ¿o es que no se han dado cuenta del terrible peligro en que estamos todos?
25/11/2006
Viejos maestros
Hoy era el día de los antiguos alumnos en mi cole. Va una con miedo, diez años después de abandonar las aulas, pero todo sigue siendo familiar: la capilla, los pasillos, el comedor. Todo huele igual, el tiempo detenido en el instante en que tomé por primera vez conciencia del fin de una etapa.
Durante la Misa, una chica recuerda el precioso jardín en el que jugaban los de "jardín de infancia", los dibujos de la Buena Madre tras las rejas que pintábamos en su fiesta (tal día como hoy, hace taitantos años), el vídeo del Padre Damián, las excursiones a Ávila y Segovia. La infancia toda, ese período que sólo sabes definir cuando ha pasado. Y yo recordaba: la misma capilla, una década atrás, despedida del cole y una decisión que nació firme, entonces, y nada ha conseguido arrancar: yo sería profe. De alguna forma, "permanecería" en el cole. Así pude amortiguar el dolor de la despedida, prometiendome a mí misma que el adiós no era definitivo, que la Universidad era un paréntesis tras el que volver a la tierra originaria. No he vuelto, pero aquella decisión me constituye: soy profe. En cierta forma, nunca me he ido.
Me pregunto si la niña que yo era hace diez años ("tontolescente", como dice Cris, la profe de gimnasia) aprobaría el derrotero posterior de mi vida, las muchas vueltas: Derecho, el despacho, la beca de Economía, Humanidades, la beca de Docencia, los problemas para encontrar tema de tesis, para encontrar mi sitio, esta última sorpresa de un trabajo -soñado- en la Universidad. Por fin, la dedicación a la Literatura, mi viejo sueño, alcanzando su cumplimiento tras tanto tiempo. ¿Pero no es lo que se desea largamente sin obtenerlo, hasta el anhelo, lo que más se disfruta cuando llega?No sé si esa niña que fuí aprobaría lo que soy, pero hoy he sabido que los profes influyentes, los viejos maestros, sí lo aprueban. María "la de arte", Pacho "el de historia", Covadonga "la de dibujo"... hoy les contaba lo que he hecho, los tumbos que he dado por un camino que yo no entendía pero Otro trazaba, y sonreían, y afirmaban: sí, sí, te pega esa trayectoria, es lo que esperábamos, era tu mundo, sí, bien hecho...Y si ellos lo aprueban, es probable que puedan enseñar a la niña que fuí, que ellos formaron, a aprobarlo también, y hasta a sentirse orgullosa. Cosas más difíciles hicieron, sin darle importancia...
